La esquizofrenia es una enfermedad cerebral compleja en la que existe un funcionamiento defectuoso de los circuitos cerebrales con un desequilibrio de los neurotransmisores. Por eso se afectan algunas funciones que rigen el pensamiento, las emociones y la conducta.
Las manifestaciones clínicas son las Ideas delirantes (creer que lo persiguen, que es una persona escogida por Dios, que todo el mundo lo observa), Alucinaciones (oír voces cuando nadie está hablando), desorganización del pensamiento (incoherente, sin sentido), alteraciones de conducta (extravagancias).
Otros síntomas importantes son la perdida de iniciativa, perdida de la capacidad de disfrutar las cosas, el aislamiento social, el aplanamiento del afecto, la lentitud y bloqueo de la conversación y dificultad en establecer relaciones con otras personas.
Esta es una enfermedad frecuente, se ha considerado durante muchos años devastadora, con un curso deteriorante y con pocas posibilidades de tratamiento. Hoy se sabe que es una verdadera enfermedad médica, con una base biológica incuestionable, aunque las causas no sean totalmente conocidas.
Hoy en día existe un creciente interés por estos enfermos, los estudios a largo plazo están demostrando que, gracias al tratamiento, el curso de la enfermedad es menos grave de lo que se consideraba anteriormente. El desarrollo de nuevos fármacos, con mejores perfiles de acción y menos efectos secundarios, ayuda a conseguir un mayor cumplimiento eficacia del tratamiento.
Recomendaciones: Cuando observe que un familiar presenta conductas extrañas, dice incoherencias, y se está aislando busque la consulta con un medico general, psicólogo o un psiquiatra.
Si un familiar es diagnosticado, pida información a los profesionales de la salud mental.
No es recomendable una actitud pasiva ni una sobreprotección excesiva.
Motive al paciente para que tome la medicación, asista a controles de psiquiatría y psicología.
Intente hacer un esfuerzo por entender lo que le pasa al enfermo y su comportamiento, sin incriminarle ni burlarse de él, nadie es culpable de esta enfermedad.
Las familias que logran ayudar con éxito a los pacientes son las que saben aceptar la enfermedad, con sus consecuencias y la ayuda ofrecida. También desarrollan una esperanza realista para el paciente y para sí mismos, entendiendo que es posible hacer frente a la enfermedad y vencerla.
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