Octubre 17 de 1829.
Hay un testimonio de gran veracidad sobre los últimos momentos del General José María Córdova, cuando ya estaba herido y refugiado en una céntrica casa del municipio de El Santuario. La historia ha recogido ese breve relato, en donde se revive el momento en que Ruperto Hand le propina los sablazos:
El general Francisco Giraldo testigo de lo acaecido en El Santuario aquel 17 de octubre de 1829, entre 2 y 3 de la tarde relató:
"Como perro de presa que humea, apareció inopinadamente en la puerta armado de un sable; estaba beodo. Hand, dirigiendo una mirada siniestra dijo: ¿aquí está Córdova? Enderezándose al punto, como sacudido por conmoción eléctrica, respondió ¿qué me quieres?.
Verlo el vil mercenario, arrojarse sobre el y abrirle la cabeza de un sablazo todo fue uno. La víctima se llevo la mano a la herida para protegerse de un segundo sablazo y de un segundo sablazo le voló los dedos; el tercero que sonó opaco, como embotado por sangre, lo trajo a tierra...
Al cabo de un espacio de tiempo oí como delirio en que se percibían estas palabras entrecortadas por el estertor: "Ah cobardes, ah cobardes".
Lo demás, ya es bien conocido. Córdova murió en El Santuario y gentes amigas lo tuvieron oculto mientras podían darle cristiana sepultura en Rionegro.
En cuanto al asesino, autor material, se le siguió juicio pero logró huir. Más tarde los militares venezolanos, apoderados del poder en la Nueva Granada, lo nombraron para alto cargo en el Chocó y luego se esfumó su rastro. Acaso lo dejaron huír para que no señalara a los autores intelectuales de tan abominable crimen. En cuanto a éstos, la historia no ha vacilado en señalar a Daniel Florencio O¨Leary, a quien se sindica de haber impartido la orden para que Hand segara la vida de Córdova: «Kill him», le dijo, y el irlandés obedeció. Pero a más alto nivel, no se descarta que el General Rafael Urdaneta, mandamás en el gobierno nacional, fue quien envió la expedición contra Córdova, al parecer con la orden de quitarlo de en medio a como diera lugar..
Córdova era el militar neogranadino que más ascendencia y mando tenía en el ejército, el de más carisma, el de mejor trayectoria militar, el más sereno, el más pensante, el de mejor proyección y condiciones luego del Libertador y el que mejores servicios podía prestarle a la Patria.
Simplemente, porque estorbaba a las pretensiones venezolanas, que anhelaban instaurar un reino para Simón Bolívar, había que alejarlo del mando militar, al costo que fuera. Lo lograron con la expedición a El Santuario. Pero allí comenzó a morir el poder de los venezolanos en la Nueva Granada. En el Santuario murió la vida corporal de Córdova pero se engrandecieron sus ideales portentosos de la democracia y la libertad. Pero como en la leyenda bíblica, murió con todos los filisteos, incluyendo al Libertador, a quien los venezolanos, sus compatriotas, siempre le amargaron la vida. J.T.V.
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