Por: Jairo Tobón Villegas
En abril de 1814, Hermógenes Maza fue nombrado por Simón Bolívar gobernador de Caracas, siendo teniente coronel de los ejércitos patriotas. Cargos altos desempeñaron también en el vecino país algunos neogranadinos: Zea fue vicepresidente de la Grancolombia y el rionegrero José María Salazar desempeñó el cargo de auditor en el gobierno patriota de Venezuela.
Después Maza estuvo prisionero en Caracas tres años, capturado por Boves y aunque algunos afirman que fue liberado por un alto oficial, todo parece indicar que se fugó en compañía de su guardián y logró llegar a Santa Fé, en un larguísimo viaje a pie, donde se escondió por varios años.
Maza, al parecer, se fugó de la prisión disfrazado de monje e hizo el viaje Caracas –Bogotá a pie. Esto explica el por qué no estuvo presente en la campaña libertadora de los llanos orientales.
Se reencontró con Bolívar en Bogotá, pocos días después de la batalla de Boyacá. Y corre oralmente la anécdota de que al saber la victoria de Boyacá. Maza salió a encontrar las fuerzas victoriosas y que por los lados de la carrera 13 en Bogotá, (San Victorino), vio venir un jinete a toda carrera, que le tendió la lanza para frenarlo y que Bolívar, reconociéndolo, le dijo, «No sea bobo que yo soy Bolívar».
Recordemos que el General Hermógenes Maza tuvo gran figuración en la campaña del río Magdalena, en donde estuvo bajo las órdenes del General Córdova, desterrando a los españoles. Maza tuvo fama por su genio ácido y su comportamiento valeroso; son muchas las anécdotas, algunas de subido color, las que enmarcaron la vida de este sinigual militar de nuestra independencia, nacido en Bogotá, a pocos pasos de La Gran Vía, en donde se suicidó Ricardo Rendón, y murió en la ciudad de Mompós.
La historia pone en labios de Maza, antes de morir unas amargas palabras: «Ahí les dejo su mundo de mierda».
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