jueves, 8 de abril de 2010

Zapatos nuevos para subir al cadalso


Por: Jairo Tobón Villegas
Después de la batalla de La Cuchilla del Tambo, donde fue hecho prisionero el presidente Liborio Mejía, varios patriotas que militaban en el ejército patriota fueron tomados prisioneros y condenados a morir. Hay un relato de José Hilario López, que tiene cosas muy interesantes y da detalles impresionantes de cómo era el suplicio, como debían vestirse, como les llevaban comida, etc.

Estaban todos los prisioneros a ordenes de Sámano, quien había fijado la hora para fusilarlos a las 9 de la mañana, pero luego se les informó a los que estaban en capilla, que los fusilamientos serían por la tarde, para que completasen las 24 horas de capilla.

Cuervo, uno de los sentenciados le dijo al padre "sea en horabuena porque entonces si tiene lugar el zapatero de terminarme los zapatos de la última gala".

El oficial Cuervo, uno de los sentenciados, era romántico en todas sus cosas y efectivamente había encargado unos zapatos para salir al suplicio. Fueron fusilados esa tarde Cabal, Quijano, Matute, pero a los otros prisioneros, entre ellos al oficial Cuervo, se les perdono la vida. Relató López que Cuervo llamó al sargento de la escolta que debió fusilarlo y le dijo con arrogancia: "Mi sargento: reclamo mi ruana, porque donde hay engaño no hay trato y nuestro convenio queda rescindido, puesto que no he sido fusilado".

Efectivamente, dice López, «el sargento devolvió a Cuervo la manta y todos celebramos esta ocurrencia».

Cuervo era de genio jovial y tomador de pelo, a pesar de que ser estricto en el servicio y leal a los ideales americanos.

Luego de que le perdonaron la vida y estuvo resguardado por su voluntad algunos días, se enroló nuevamente en las fuerzas de Sucre y acompañó a Córdova en la batalla de Ayacucho. Fue ascendido a coronel con especiales menciones Bolívar y Sucre por su valentía y talento. En el ejército patriota Cuervo inculcaba humor con sus frases llenas de ironía y salero. Además, porque sus compañeros nunca olvidaron que el apuesto militar, era además tan vanidoso que pretendía que lo fusilaran estrenando zapatos, como cualquier rionegrero.

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