jueves, 8 de abril de 2010

La historia de Rionegro contada por un neurólogo, economista y especialista en educación


Diego Rosselli, estuvo en Rionegro hace algunos meses; viajero empedernido, sin afanes ni angustias de tiempo ni espacio. Se deleitó con fábulas y leyendas, con historias y visiones del Rionegro actual y pasado. Muchas horas estuvo escarbando, solicitando papeles de nuestro archivo particular (más de 100 años en periódicos y recortes de prensa) y le abrimos generosamente el corazón histórico de Rionegro, de donde extrajo lo que quiso, lo que le pareció destacable, curioso y extraño.

Después, antes de publicar lo que escribió, tuvo a bien enviarnos el borrador para que le diéramos una mirada y le hicimos leves correcciones de fechas y nombres, porque respetamos su pensamiento, sus apreciaciones, su visión del Rionegro que llevamos en el alma con sus visiones extrañas, con sus leyendas, sus consejas, sus tristezas y dolores, pero también cargado de historias apasionantes y apasionadas.

Acaba de publicar su libro "Historia de 100 ciudades", donde está Rionegro con amargas verdades. Hay que leer el libro desapasionadamente, con sinceridad, para encontrar que allí hay dolorosas verdades que concuerdan con muchos de nuestros criterios expuestos en las paginas de El Rionegrero. Nuestra amada ciudad tiene otros dueños, foráneos que vienen desde muy lejos y ha tenido peleas jurisdiccionales, como que le quitaron un día desde Santa fe de Antioquia lo que fueron los ejidos de El Tablazo y tras un largo viacrucis jurídico le fueron devueltos. También de Antioquia pretendieron quitarle unos dineros recaudados para construir un hospital y tras un debate jurídico vinieron a engrosar lo que es hoy nuestro histórico San Juan de Dios de Rionegro.

También hemos perdido patrimonio histórico y arquitectónico que autoridades mediocres y obtusas se empecinaron en destruir. Obras de arte de inmenso valor que un cura ambicioso cambió por las monedas de Judas traicionando a la comunidad rionegrera, que lo acogió con cariño, hasta que la voluntad popular le mostró sincera, pero francamente, el camino de su destierro. Con él se perdieron la campana histórica y la araña y obras de arte y mucha parte de la fe de carbonero que tenían los rionegreros hacia las cosas terrenas de los presbíteros.

Nos gusta que hablen de Rionegro, que le digan las verdades, mirando la historia de 100 ciudades. Nos damos cuenta que hay todavía mucha historia por escribir y algún día se podrá contarla sin tapujos, sin temores ni susceptibilidades. Contar que un alcalde falsificó dinero y fue llevado preso a Medellín, luego de que el concejo lo destituyó. Que un banquero hizo diabluras en Rionegro.

Es que Rionegro tiene dos lados contrapuestos de su historia. Uno, la leyenda heróica que acrisoló la gesta emancipadora. Caballeros de la quimera persiguiendo a esa diosa bella y esquiva que es la libertad. Y otra, la que Rionegro ha escrito con lágrimas y pesares, la del incendio de 1949, la de sus saqueos artísticos y la destrucción arquitectónica.

En fín, hay mucha tela para cortar y la tela espera solamente la tijera. Esperemos, porque saber esperar es pan de los dioses. Las amargas verdades también hacen parte de la historia. Rosselli le hizo a Rionegro una minuciosa observación clínica, como buen neurólogo que es, para diagnosticar hechos y personas, que consideró también hacen parte de nuestra historia, observando allí todo lo bueno y lo malo que hay en la pertenencia de la ciudad, lo que es y lo que vivimos. (Foto: Abel Cárdenas, El Tiempo)

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