Por :Jairo Tobón Villegas
Durante toda su vida, El Libertador poco aprecio tuvo por el dinero. Nacido de rica cuna, su niñez y juventud fueron vividas entre lujos y holgura económica. Recibió abundante herencia de su padre, que a la vez, cuidaba la porción de su esposa, fallecida. Haciendas y esclavos tuvo Bolívar a su favor. La negra Hipólita, quien fuera su madre sustituta, fue escogida por su padre desde antes de nacer Simón y lo amamantó con el cuidado que su madre le hubiera podido dar.
Durante toda su vida, El Libertador poco aprecio tuvo por el dinero. Nacido de rica cuna, su niñez y juventud fueron vividas entre lujos y holgura económica. Recibió abundante herencia de su padre, que a la vez, cuidaba la porción de su esposa, fallecida. Haciendas y esclavos tuvo Bolívar a su favor. La negra Hipólita, quien fuera su madre sustituta, fue escogida por su padre desde antes de nacer Simón y lo amamantó con el cuidado que su madre le hubiera podido dar.
"1813. Septiembre 11: Bolívar, en ejemplar medida, infortunadamente no continuada, condenó a muerte a los defraudadores de los caudales públicos. No puedo dejar pasar por alto mi admiración por el desprendimiento de Simón Bolívar frente al dinero, puede decirse que a excepción del agua de colonia que importó en el Perú para bañarse y que pagó el Estado Peruano por valor de ocho mil pesos como lo afirma Ricardo Palma en «Tradiciones Peruanas» (Ediciones Jackson, Buenos Aires, página 310): Que don Simón Bolívar cuidase mucho del aseo de su personita y que consumiera diariamente hasta un frasco de agua de colonia, a fe que a nadie debe maravillar. Hacía bien, y le alabo su pulcritud. Pero es el caso que en los cuatro años de su permanencia en el Perú, tuvo el tesoro nacional que pagar ocho mil pesos, invertidos en agua de colonia para uso y consumo de su excelencia el Libertador; A excepción, pues, de este suceso, puede afirmarse que Bolívar era muy desprendido con el dinero y que los negocios oficiales para su particular usufructo no le interesaban; Que nunca se lucró del poder que tenía para hacerse de mala manera a una forma de incrementar su fortuna personal, lo que no puede decirse de otros próceres". Los próceres eran desprendidos y para ellos el dinero no contaba. Córdova se alistó en las tropas de la revolución contando con el dinero que le prestó don Sinforoso García, porque su padre se oponía a que siguiera la carrera de las armas. Desde donde estuviera, los pagadores del ejército tenían orden de enviarle a doña Pascuala y a sus hermanas buena parte de sus sueldos. Nunca abandonó a su familia. A su padrino, el sacerdote Cosme Echeverri, sacerdote rionegrero, le solicitó dineros que nunca pagó. Al morir el padre Cosme, los abogados encargados de la sucesión le enviaron una carta al general solicitándole informes sobre el dinero que tenía apuntado en su contra el religioso, o sea cobrándole la deuda. Al respaldo del papel en donde le escribieron lo anterior, el general simplemente, pero afirmativo como era, respondió: "Esos dineros se gastaron en las tropas de la revolución".
Era generoso en extremo y le enviaba regalos a sus hermanas con frecuencia. Murió pobre y no pudo comprar ni siquiera una casa en Bogotá como anhelaba, porque no le habían pagado los sueldos que le debían, primero y segundo porque los esbirros venezolanos le mandaron cortar la cabeza en El Santuario. Sabían que tras de Bolívar, ya casi en desgracia, se alzaba luminosa la estampa nacionalista y demócrata del dirigente y héroe antioqueño José María Córdova.
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