El presidente Uribe presentó examen final ante más de 500 empresarios y dirigentes de Antioquia el pasado 25 de marzo. El salón Chablis, del Dann Carlton, estaba hasta los topes. Los aplausos a la entrada y salida del mand atario fueron nutridos y continuos y pareció que al hotel hubiera llegado la locura colectiva (no la hecatombe).
Había sentimiento de nostalgia ante la partid a inevitable del mandatario que se adentró en el corazón de los colombianos durante cerca de 100 meses. Organizaron el evento Proantioquia, Fecalco, Club de la Prensa, y Conexión Global. Alberto Velásquez y Eduardo Arango, dirigieron el orden de las preguntas que hizo el respetable público asistente.
El examen del presidente versó sobre innumerables temas del calendario de actividades de los pasados 8 años, que terminan el próximo 7 de agosto. Ganó los 8 años de ejercicio con notas sobresalientes: 5 admirado. Grandes aplausos y vuelta al ruedo. Sale por la puerta grande como los más diestros toreros. Y qué bien lidió esos monstruos que le salieron al ruedo político y administrativo. Fieros hasta más no poder, que formaron una oposición exagerada y gritona.
Seguridad Democrática, empleo, zonas francas, exportaciones, corrupción, salud, deuda externa, economía, educación, falsos positivos, entre otros, fueron puntos virtuales que el presidente amasó y desmenuzó con sabiduría y conocimiento, entremezclados con la memoria prodigiosa del Presidente.
Demostró dominio en todos los temas. Dijo algunas verdades y refirió acciones de gran importancia que no conocíamos en detalle.
Habló de la dificultad ante el parlamento para efectuar algunas reformas y la imposibilidad de aumentar impuestos al tabaco, licores y juegos (porque las empresas colaboran con dinero para las campañas electorales, decimos nosotros)
Dio cátedra de economía, historia y patriotismo.
El Presidente Uribe no hizo guiños, ni ofendió a nadie. A la subversión y a los corruptos les dijo muchas verdades. Pero el párrafo final de su charla fue muy diciente y lo lanzó al aire para que formara un remolino, para que todos lo pensemos, meditemos y actuemos:
"Como yo no les puedo decir a mis compatriotas por quién votar, les voy a decir por lo menos: sufraguemos en las urnas para mejorar el rumbo sin abandonarlo".
Luego de su exposición, cercana a los 120 minutos, el público lo premió con grandes aplausos, como galardón de oreja y rabo. Fue mucha la demora del mandatario para salir del salón, porque todos querían saludarlo, darle palabras de agradecimiento, porque es el personaje admirable y sencillo que todos quisiéramos tener a nuestro lado, como si fuera el perpetuo mandatario que todos anhelamos y necesitamos.
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