Por: Francisco Zapata Gallego
Dos largo años en una cárcel, con la certeza moral de la propia inocencia y con el escarnio público, son situaciones como para caer en la desesperación. Sólo una fe firme, una esperanza cierta y un perdón para los detractores, permiten soportar tan dura experiencia y volver a vivir.
Esto es, lo que prácticamente ha sabido sobrellevar nuestro "líder", el doctor Rubén Darío Quintero. Indudablemente que todo esto ha templado noble y dignamente las fibras más íntimas de su férrea personalidad. Lo ha enriquecido maravillosamente.
En una carta que le escribiera al doctor Quintero el pasado 8 de febrero en uno de sus apartes le decía: "Tengo la impresión de que la justicia nuestra, en su caso, ha titubeado y parece no ser común y corriente, pues eso de Herodes a Pilatos, como lo han tenido a usted, da mucho qué pensar; pareciera que lo tuvieran a usted como "chivo expiatorio". Y continuaba mi carta: "...
Ante su situación uno se pregunta: ¿"qué hacer"? Y usted afortunadamente, ha elegido la mejor y quizá única opción: Ponerse en manos de Dios, el Verdadero Juez". Y le preguntaba: ". . En la teología cristiana encontramos una premisa según la cual Dios no concede ningún favor grande, antes de haber enviado una tribulación! Y terminaba mi misiva al doctor Quintero, con estas palabras: "…Prepárese, pues doctor Quintero para que, con un corazón purificado por el dolor, sin rencillas ni venganzas, ni nada por el estilo, le vuelva a servir a Rionegro, donde hoy encontramos mucha gente que está con los brazos abiertos para recibirlo".
Felicitamos al doctor Quintero, nos congratulamos con su digna familia y nos alegramos por Rionegro, ciudad que ha celebrado los juegos Suramericanos, certamen éste que fue vitrina para Rionegro y en los cuales tiene tantísimos méritos el doctor Quintero. Injustos seríamos en desconocer u olvidar, como amante del deporte que también ha sido su dinámica en este aspecto.
Bienvenido sea pues, doctor Quintero, a su tierra, que tanto lo aprecia y que mucho espera de sus talentos generales!.
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